La Córdoba nocturna, de Agosto, solitaria y húmeda por el riego de los operarios de limpieza.
La Córdoba de la brisa fresca en las callejuelas de empedrado paseo,
del calor abrasante cuando el cielo interrumpe su soplido.
La Córdoba de las conversaciones rezagadas de borrachos capaces de salvar al país de la derrota que la consume.
La Córdoba del que trabaja con la masa para pagar el pan de sus hijos,
del que no duerme por el ronquido de su vecino.
La Córdoba de las parejas escondidas en cada esquina ávidas de orgasmos y embestidas imposibles a la luz del día.
La Córdoba inmóvil al paso de los psicólogos conductores de blancos coches coronados por una luz color esperanza.
La Córdoba del comercio antiguo que resiste al paso de los años y de la arquitectura moderna,
del olor a judío de sus macetas.
La Córdoba del misterio de la noche corredera,
del terror del canto de un grillo en las piernas.
La Córdoba de la Victoria pasajera,
de la aureola del Acisclo patrono,
de la Luna del Rafael protector.
La Córdoba de las tres culturas reminiscentes,
de las vidas que su calor ahogó.
La Córdoba donde cualquiera se enamora,
se destroza
o se muere.
La Córdoba donde vive un servidor.
28 de agosto de 2013
11 de agosto de 2013
Los hombres nos maquillamos con barbas
por miedo a que se noten nuestras sonrisas.
Dejamos crecer el pelo en nuestro cuerpo
para que disimule el temblor que causa el miedo.
Se agrava nuestra voz
para que suenen mas solemnes los 'te quiero'.
Pero se nos olvida que,
al envejecer,
la barba se torna blanca
para hacer más grande la sonrisa,
el temblor se adueña de nuestro cuerpo
para ser frágiles sin miedo
y la voz se apaga
para hacer eterno ese último 'te quiero'.
por miedo a que se noten nuestras sonrisas.
Dejamos crecer el pelo en nuestro cuerpo
para que disimule el temblor que causa el miedo.
Se agrava nuestra voz
para que suenen mas solemnes los 'te quiero'.
Pero se nos olvida que,
al envejecer,
la barba se torna blanca
para hacer más grande la sonrisa,
el temblor se adueña de nuestro cuerpo
para ser frágiles sin miedo
y la voz se apaga
para hacer eterno ese último 'te quiero'.
7 de julio de 2013
Empezaste siendo
Empezaste siendo
un par de frases en una libreta,
los trazos rasgados de la pluma en el papel,
la viva imagen de la grafía de mis letras
y yo aspiraba a que fueras mi Torre de Babel.
Quisiste ser el verbo volar,
quise enseñarte la realidad a polvos
pero tú eras un hada,
yo tenía un sueño
y, como dijo Peter,
no hacía falta nada más.
Volabas queriendo estar
en cada rincón que forma el nosotros,
en cada canto de Sirena,
en cada trago de un Pirata
y en cada esencia del Ya.
Empezaste siendo el verbo Quiero
y terminaste volando hasta ser Estar.
un par de frases en una libreta,
los trazos rasgados de la pluma en el papel,
la viva imagen de la grafía de mis letras
y yo aspiraba a que fueras mi Torre de Babel.
Quisiste ser el verbo volar,
quise enseñarte la realidad a polvos
pero tú eras un hada,
yo tenía un sueño
y, como dijo Peter,
no hacía falta nada más.
Volabas queriendo estar
en cada rincón que forma el nosotros,
en cada canto de Sirena,
en cada trago de un Pirata
y en cada esencia del Ya.
Empezaste siendo el verbo Quiero
y terminaste volando hasta ser Estar.
23 de junio de 2013
Recuerdo la primera vez.
Caminabas,
como si la vida no fuera contigo,
como un peatón cualquiera
de una calle de Madrid.
Recuerdo que solías sonreír
a quien te miraba,
te costaba abrirte, sí,
supongo que a todos nos pasa.
Es curioso,
hasta recuerdo aquella vez
que traté de besarte
y el cielo se me cayó encima.
Las fuerzas de la naturaleza
deben volar libres por el mar
y nadar desnudas en el viento.
-Casi lo olvido-
Pasó el tiempo contigo,
pero sin ti.
No quería un nosotros,
temía no saber honrarte.
Disfruté,
como disfruta un perro
de un hueso sin carne.
Lloré,
como llora un niño
lejos de su madre.
Llegué a querer creer
que no existías,
que no eras más que un invento
del mundo profano.
Incluso maldije tu nombre,
bendije el alcohol
y me vendí como el cobre.
Pero no,
no se puede vivir sin ti,
por mucho que te haya negado
ahora lo sé.
Por no alejarte,
Gracias
Amor.
24 de mayo de 2013
22 de mayo de 2013
Esta noche no os traigo un poema, os traigo un relato. El cuento de un pequeño nudo en la garganta que aprendió cómo desatarse, nos os hago esperar más...
Érase una vez un pequeño Nudo en la Garganta -se parecía a esos carraspeos que hacemos al pronunciar alguna letra- que se sentía atado de pies y manos, incapaz de reaccionar ante cualquier problema a causa de estas ataduras. Su vida era monótona y aburrida, a veces tenía algún alto en la oscuridad y era capaz de vislumbrar la luz, pero nunca sabía cómo mantenerla encendida...
Un día, de repente, se dio cuenta de que la Tierra llevaba gorro y no uno ¡Muchos gorros! cada día uno diferente que hiciera juego con la estación por la que pasaba, tras observar a la Tierra durante un tiempo se dio cuenta de su melancolía, era Verano y ella seguía pensando en las flores y los insectos de la Primavera, melancólico como ella se decidió a entablar conversación ¿Qué podía perder? Al fin y al cabo nada tenía... Para sorpresa del Nudo en la Garganta la Tierra era más humana de lo que pensaba, muy cercana y viva a pesar de tanta tristeza. Conectaron muy rápido, tanto que las conversaciones entre ambos eran capaz de hacer que los pájaros cantaran y la música tomara forma sin acordes.
Pasó un tiempo y la Tierra vino a darle una buena noticia al Nudo en la Garganta: Se había dado cuenta que las estaciones no importaban, había algo presente durante todo el año que ella no había sido capaz de ver hasta ahora, el Mar. Feliz y risueño el Nudo fue a bañarse al Mar para agradecerle, sin que éste lo supiera, la felicidad que había llevado a su querida Tierra. El Mar lo abrazó como si no hubiera día en el que el Nudo no hubiera pasado a su lado, de nuevo la magia hizo de las suyas y conectó con el Nudo algo que jamás hubiera pensado conocer.
Una noche, después de todo un lluvioso día al lado de Tierra, Nudo la acompañó a ver a Mar, Nudo estaba nervioso pues era la primera vez que conocería a Mar formalmente. Para su sorpresa, un pequeño Búho de plumas rojizas y un Sombrero ajado pero encantador esperaban junto a Tierra a que Mar llegara, al principio Nudo solo se había fijado en que el Búho se colocaba con cariño el Sombrero de vez en cuando, pero no se atrevía a mediar palabra con ambos. Cuando Nudo parecía dispuesto a ello, el Mar irrumpió con fuerza en la escena, mirando a Nudo a los ojos y pidiéndole un favor que Nudo no podía rechazar.
Nudo se armó de valor y, sin que él lo notase, las cuerdas que lo ataban ardieron y su nombre dejó de tener sentido pues, lleno con las palabras que Mar no podía pronunciar, le hizo saber a Tierra que los miedos de Mar serían desplazados con tal de tenerla como península en su interior. Tras este acontecimiento, Nudo se notaba extraño, menos frío y triste... ¿Acaso es esto la libertad? Se preguntaba. En efecto, Nudo ya no necesitaba llamarse así, pero no quería olvidar su pasado por lo que, para recordarlo, se hizo llamar Jota ¿Por qué Jota? Sencillo, si pronuncias esa letra con fuerza podrás notar cómo se hace bola en la garganta, igual que un nudo.
La moraleja es sencilla: El Mar y la Tierra se necesitan para vivir, los Búhos están más bellos con un Sombrero -y viceversa- y cualquier letra del abecedario es capaz de ser feliz.
13 de abril de 2013
Escribir sobre un fondo blanco
para sentirse reflejado al comenzar,
para sentir las agallas de un combate
que tu pluma, la tinta y el papel
van a disputar.
No por escribir se siente,
pero sí por no sentir se escribe.
Tan fiero es el combate,
que en un poema no cabe
el dolor o la sangre
del cercenado corazón
por la batalla sangrante.
Cual capitán de batalla te hayas solo
rodeado del sonido ambiente,
dejando que todo lo demás
recorra a cámara lenta la escena,
mientras tú pereces ante un pedazo de papel
mutilado por las estocadas que asestaste.
Pasa el tiempo y las heridas del blanco
cicatrizan
dejando atrás aquella batalla librada
aquella tristeza enjaulada
ya sólo son manchas.
-que hieren cuando las repasas-
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