La vida es un burdel de Sirenas
regentado por Peter Pan;
los piratas buscan tesoros
para poderlas pagar;
ahora Peter no les quita los tesoros,
ahora es Wendy la que se va a desnudar.
Smee hace las cuentas,
Garfio engarza sus perlas
y el cocodrilo cambió su trasero
por un bote de proteínas
y una rutina para entrenar.
Los niños ya no están perdidos;
venden droga en un local,
sirven copas a putas
con botas de escamas de pez y tacón.
Campanilla solo baila cabaret,
los hombres la dejaron sin polvos
que poder echar;
los adultos se llevaron
sus sueños y sus alas
y yo me he cargado un cuento
que solo sabía
hacerme llorar.
1 de marzo de 2015
20 de febrero de 2015
He vuelto a escribir a lápiz
y nada es igual que la última vez;
he cambiado la grafía,
he dejado de apretar al escribir
y he cambiado la música de Mago de Oz
por cualquier mierda indie
y música de autor.
He vuelto a escribir a lápiz
y sigo sin saber escribir las mayúsculas;
he cambiado las lágrimas del insomnio
por la sonrisa de tus fotos,
he cambiado la pena de mis putos días
por un Cola Cao para llevar y tres besos,
he cambiado el timón de mi vida
al usar tus bragas como velas
y he dejado de madurar
porque es más divertido
ver cómo vuelas.
He vuelto a escribir a lápiz
porque he vuelto a esa edad
en la que escribir a boli
es cosa de gente que no sonríe,
de gente que no respira,
de gente que no es gente
porque no sabe vivir.
y nada es igual que la última vez;
he cambiado la grafía,
he dejado de apretar al escribir
y he cambiado la música de Mago de Oz
por cualquier mierda indie
y música de autor.
He vuelto a escribir a lápiz
y sigo sin saber escribir las mayúsculas;
he cambiado las lágrimas del insomnio
por la sonrisa de tus fotos,
he cambiado la pena de mis putos días
por un Cola Cao para llevar y tres besos,
he cambiado el timón de mi vida
al usar tus bragas como velas
y he dejado de madurar
porque es más divertido
ver cómo vuelas.
He vuelto a escribir a lápiz
porque he vuelto a esa edad
en la que escribir a boli
es cosa de gente que no sonríe,
de gente que no respira,
de gente que no es gente
porque no sabe vivir.
3 de febrero de 2015
Me gusta saber que estás dormida
para poder enviarte notas de voz
y saber que las vas a escuchar
mientras tú estás despierta
y yo dormido;
y poder decirte que te amo,
que te quiero,
que buenos días,
que no son mejores días
porque no voy a despertar a tu lado
o no voy a poder hacerte el desayuno
y llevártelo a la cama,
o no vamos a poder hacernos el desayuno
el uno al otro,
ponerlo en la mesa,
luego solo comernos un par de cosas
-bueno, eso yo, porque a ti te gusta comer un poco de todo-
y que se nos olviden los cereales;
que no podremos hacer el amor
después de desayunar
ni ducharnos,
ni besarnos bajo la ducha,
ni querernos otro poquito,
ni hacer el tonto en la cama
antes de hacerla
y hacerla;
darnos cuenta que no es domingo
sino lunes,
que deberíamos estar en el trabajo
y no haciendo el gilipollas
-que tanto nos gusta-,
y ambos llamamos
y decimos estar enfermos
con mucha fiebre;
se lo creerán
y podemos seguir haciendo el tonto,
y no hacemos la cama
porque la hemos vuelto a deshacer,
y nos tumbamos y te leo a Wilde
y lloras de una forma tan bonita
que resulta hasta una ofensa
llorar después de ver eso;
y me besas y te beso
y me acaricias y te acaricio,
y no nos damos cuenta
pero ya habíamos hecho la cama
para volver a deshacerla de nuevo.
Y no hay mejor religión
que ponerme de rodillas ante ti,
besarte entre los pechos
y sentir tus latidos en mi boca.
para poder enviarte notas de voz
y saber que las vas a escuchar
mientras tú estás despierta
y yo dormido;
y poder decirte que te amo,
que te quiero,
que buenos días,
que no son mejores días
porque no voy a despertar a tu lado
o no voy a poder hacerte el desayuno
y llevártelo a la cama,
o no vamos a poder hacernos el desayuno
el uno al otro,
ponerlo en la mesa,
luego solo comernos un par de cosas
-bueno, eso yo, porque a ti te gusta comer un poco de todo-
y que se nos olviden los cereales;
que no podremos hacer el amor
después de desayunar
ni ducharnos,
ni besarnos bajo la ducha,
ni querernos otro poquito,
ni hacer el tonto en la cama
antes de hacerla
y hacerla;
darnos cuenta que no es domingo
sino lunes,
que deberíamos estar en el trabajo
y no haciendo el gilipollas
-que tanto nos gusta-,
y ambos llamamos
y decimos estar enfermos
con mucha fiebre;
se lo creerán
y podemos seguir haciendo el tonto,
y no hacemos la cama
porque la hemos vuelto a deshacer,
y nos tumbamos y te leo a Wilde
y lloras de una forma tan bonita
que resulta hasta una ofensa
llorar después de ver eso;
y me besas y te beso
y me acaricias y te acaricio,
y no nos damos cuenta
pero ya habíamos hecho la cama
para volver a deshacerla de nuevo.
Y no hay mejor religión
que ponerme de rodillas ante ti,
besarte entre los pechos
y sentir tus latidos en mi boca.
16 de enero de 2015
Ella ata,
desata, mata y arrebata.
Yo me ato,
desato, mato y no escapo.
Ella es un cadáver,
digno de ver, de conocer, de placer.
Yo soy su asesino,
su sino, su camino y su destino.
Ella gota a gota
se desborda, se ahoga, se colapsa.
Yo lleno el vaso,
paso a paso, con las lágrimas de su ocaso.
Ella se comba,
desnuda, se acuesta en su alcoba.
Yo me relato,
sufro a ratos, me maltrato.
Ella gime,
alucina, vibra y termina.
Yo no aguanto,
muerdo mi mano, sangro mis venas y me marcho.
desata, mata y arrebata.
Yo me ato,
desato, mato y no escapo.
Ella es un cadáver,
digno de ver, de conocer, de placer.
Yo soy su asesino,
su sino, su camino y su destino.
Ella gota a gota
se desborda, se ahoga, se colapsa.
Yo lleno el vaso,
paso a paso, con las lágrimas de su ocaso.
Ella se comba,
desnuda, se acuesta en su alcoba.
Yo me relato,
sufro a ratos, me maltrato.
Ella gime,
alucina, vibra y termina.
Yo no aguanto,
muerdo mi mano, sangro mis venas y me marcho.
8 de diciembre de 2014
Desato los cordones,
aflojo el calzado,
saco mi pie de él
y me quito el calcetín.
Me acaricio
como si fuera ella
la que está al final;
en contacto con la suya
mi piel está formada
por miles de yemas de dedos.
Salgo a la calle
con los pies descalzos
y sus plantas desnudas
buscan una textura
con la que volver a sentir.
Hace frío, lo noto
en la contracción de mis músculos,
en el vapor que emanan mis pulmones,
en los gorros y bufandas de los transeúntes;
hace frío, lo noto
pero no lo siento.
En nada se diferencian
los adoquines
de la piedra,
la tierra
o la hierba.
Mis pies están rojos,
mis pies palpitan,
mis pies corren,
saltan,
tiemblan
y se agitan.
Un reloj en el tobillo solucionaría la impuntualidad.
-Llegas tarde ¿Dónde has estado?
-Lo siento, me entretuve soñando.
aflojo el calzado,
saco mi pie de él
y me quito el calcetín.
Me acaricio
como si fuera ella
la que está al final;
en contacto con la suya
mi piel está formada
por miles de yemas de dedos.
Salgo a la calle
con los pies descalzos
y sus plantas desnudas
buscan una textura
con la que volver a sentir.
Hace frío, lo noto
en la contracción de mis músculos,
en el vapor que emanan mis pulmones,
en los gorros y bufandas de los transeúntes;
hace frío, lo noto
pero no lo siento.
En nada se diferencian
los adoquines
de la piedra,
la tierra
o la hierba.
Mis pies están rojos,
mis pies palpitan,
mis pies corren,
saltan,
tiemblan
y se agitan.
Un reloj en el tobillo solucionaría la impuntualidad.
-Llegas tarde ¿Dónde has estado?
-Lo siento, me entretuve soñando.
10 de noviembre de 2014
De repente
te encuentras a ti mismo
con un boli roto de cartón
en la mano izquierda
y un cúter viejo y afilado
en la mano derecha.
Con la hoja de la herramienta
presionas la ruina del bolígrafo,
y presionas,
y haces un corte limpio tras otro;
de un momento a otro
la hoja se atasca,
y presionas,
y haces un corte en seco
en tu propio dedo.
La piel se levanta,
quizá también la carne que protegía,
todo comienza a llenarse de sangre
y tú te llevas el dedo a la boca.
Es curioso,
el color de tu sangre es precioso,
hasta diría que el sabor es dulce;
puede que te estés mareando
y que hayas llegado al botiquín
sin darte cuenta.
El agua del grifo te hace daño,
pero la oxigenada no escuece
y los golpes de la gasa en la herida
casi no duelen.
Tu dedo es un poema,
tienes un corte amorfo
y un vendaje precario
que le hace juego.
A lo largo de los días siguientes
la herida se abre varias veces
y tú no puedes dejar de mirar
el flujo de tu sangre hacia el desagüe;
miras el apósito
que trata de proteger la herida
y la mierda lo inunda,
eres tan cerdo que no puedes
mantener ni la venda que te arropa.
Te duele,
tratas de evadir el dolor
y te haces manco en el intento;
tu mano izquierda aún es útil
y tú te encargas de hacer
que parezca todo lo contrario.
Sin darte cuenta
han pasado cuatro días
y tú te has mantenido entretenido
con el corte más profundo y tonto
de tu vida.
Cuando miras el reloj
son las ocho y media,
ella llega en diez minutos de su viaje
y tú ya no sabes si te cortaste
haciendo el gilipollas
o para que hubiera algo
que doliera más que la distancia.
Mírala,
allí viene con su parka azul,
de repente la estación se vacía
y toda la sangre que has perdido
vuelve a fluir de forma repentina.
Por primera vez desde que te cortaste
la herida supone problema,
al fin y al cabo un dedo vendado
es un dedo menos con el que tocar su cara.
te encuentras a ti mismo
con un boli roto de cartón
en la mano izquierda
y un cúter viejo y afilado
en la mano derecha.
Con la hoja de la herramienta
presionas la ruina del bolígrafo,
y presionas,
y haces un corte limpio tras otro;
de un momento a otro
la hoja se atasca,
y presionas,
y haces un corte en seco
en tu propio dedo.
La piel se levanta,
quizá también la carne que protegía,
todo comienza a llenarse de sangre
y tú te llevas el dedo a la boca.
Es curioso,
el color de tu sangre es precioso,
hasta diría que el sabor es dulce;
puede que te estés mareando
y que hayas llegado al botiquín
sin darte cuenta.
El agua del grifo te hace daño,
pero la oxigenada no escuece
y los golpes de la gasa en la herida
casi no duelen.
Tu dedo es un poema,
tienes un corte amorfo
y un vendaje precario
que le hace juego.
A lo largo de los días siguientes
la herida se abre varias veces
y tú no puedes dejar de mirar
el flujo de tu sangre hacia el desagüe;
miras el apósito
que trata de proteger la herida
y la mierda lo inunda,
eres tan cerdo que no puedes
mantener ni la venda que te arropa.
Te duele,
tratas de evadir el dolor
y te haces manco en el intento;
tu mano izquierda aún es útil
y tú te encargas de hacer
que parezca todo lo contrario.
Sin darte cuenta
han pasado cuatro días
y tú te has mantenido entretenido
con el corte más profundo y tonto
de tu vida.
Cuando miras el reloj
son las ocho y media,
ella llega en diez minutos de su viaje
y tú ya no sabes si te cortaste
haciendo el gilipollas
o para que hubiera algo
que doliera más que la distancia.
Mírala,
allí viene con su parka azul,
de repente la estación se vacía
y toda la sangre que has perdido
vuelve a fluir de forma repentina.
Por primera vez desde que te cortaste
la herida supone problema,
al fin y al cabo un dedo vendado
es un dedo menos con el que tocar su cara.
4 de noviembre de 2014
Esto no es un poema.
Carece de rimas,
estilo medido,
métrica refinada,
y si se cuela algún recurso retórico
es pura casualidad.
Repito, esto no es un poema.
No tiene artificio,
nadie lo ha trabajado
y no lo escribe un prodigio.
Insisto, esto no es un poema.
No contiene parábolas
ni simbolismos,
solo sentimientos
e incapacidad.
Eso sí,
si hablamos de ella
todo cambia.
Cada lunar rima con su contiguo,
su sarcasmo es la medición de un estilo,
sus caderas son métrica de oro
y cada uno de sus latidos
una hipérbole.
Todo en ella es artificio,
entenderla es el mejor de los trabajos
y sus dedos con los míos
plumas de prodigio.
Su sonrisa es la mejor
métafora del amor jamás vista
y su espalda
símbolo y signo de paz.
Puedo asegurar,
y aseguro,
que ella sí es un poema.
Carece de rimas,
estilo medido,
métrica refinada,
y si se cuela algún recurso retórico
es pura casualidad.
Repito, esto no es un poema.
No tiene artificio,
nadie lo ha trabajado
y no lo escribe un prodigio.
Insisto, esto no es un poema.
No contiene parábolas
ni simbolismos,
solo sentimientos
e incapacidad.
Eso sí,
si hablamos de ella
todo cambia.
Cada lunar rima con su contiguo,
su sarcasmo es la medición de un estilo,
sus caderas son métrica de oro
y cada uno de sus latidos
una hipérbole.
Todo en ella es artificio,
entenderla es el mejor de los trabajos
y sus dedos con los míos
plumas de prodigio.
Su sonrisa es la mejor
métafora del amor jamás vista
y su espalda
símbolo y signo de paz.
Puedo asegurar,
y aseguro,
que ella sí es un poema.
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