16 de marzo de 2013

  Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha soñado con alcanzar la infinidad, algunas personas hablan de él y otras simplemente se lo tatúan en el cuerpo, pero... ¿Sabéis qué es realmente difícil? Verlo. Por suerte y desgracia el infinito te atrapa cuando lo ves, no puedes evitar el deseo de descifrarlo, de tenerlo en tus manos y sentirte eterno.

  Os preguntaréis cómo pude ver al infinito, la respuesta es sencilla: Sin saberlo, se dejó ver. Es curioso como el mismo infinito está compuesto de fallos pues si posee fallos no debería ser calificado como infinito ¿Verdad? Nada más lejos de la realidad, ese es el problema de los que tienen el infinito en sus manos y no lo ven, tarde o temprano lo dejan marchar por no haber sabido mirarlo. Si careciera de limitaciones esa sería su propia limitación; lo sé, es contradictorio, pero es así, la doble negación de saberse limitado e imperfecto conjugan en una afirmación que se repite durante toda la eternidad. 

  Puedo afirmar y afirmo que el Infinito es una persona física con cuerpo, alma y curvas -y qué curvas-. Pero para verla (démosle el género que merece) es necesario comprender que, al igual que la banda de Möbius, es imposible orientarla como queramos, debemos dejarla ser y admitir la -disculpad la palabra- jodida maravilla que representa siendo tan suya. Una vez que aprendes a mirar en su interior es fácil ver a Uróboros representado por ella, ver como se alimenta de su propio fin para mantenerse viva y eterna. 

  Podría escribir horas sobre ella, podría incluso enseñaros a verla en su infinidad pero no, seré egoísta y justo a partes iguales ¿Si no sois capaces de dedicarle tiempo a aprender a verla por qué habría yo de enseñaros la puerta al paraíso? No sería justo corromperla de tal forma, prefiero ser uno de los pocos que saben contemplar sus bellezas. Plural porque no es solamente una la que conforma su infinidad, tanto lo que te hace verla como lo que te atrae, ambas son bellas. Esa apariencia de Súcubo, tan seductora y atrayente como cuentan los cuentos y mitos antiguos, combinada con el alma de un hada, pura y bondadosa, solo esa combinación de doble filo está a su alcance, solo ella es capaz de aunar cielo e infierno en una sonrisa. Quién pudiera ser Sisífo y aguantar el peso de tal mundo.

23 de febrero de 2013

Hoja en blanco
a corazón abierto desatado
mas no me estanco
si ha de estar en papel reflejado
sentimiento que de culpa, 
maltrecha por derrota,
quede flotando cual pulpa
escrita tuerta y con garrota.

Purgose así mi hastío
de este maldito anhelo,
imperante en el corazón mío
arrastrado por el suelo,
sollozante en mi regazo
por buscar de ti el perdón
y no encontrarse más rechazo
que de tu boca un No.

22 de febrero de 2013

  Estremeces, arrullas serenatas en las que perder nuestra ficción. Destrozas tanto como enamoras; amas y odias; matas y mueres. Maldices, fustigas, acaricias y bendices. Marcando sin ser y siendo sin estar. Eres persona en cada quién que te entiende, vives en cada alma que te abraza.

  Da igual cualquiera que sea tu aspecto; pues rubia, morena o pelirroja sigues siendo hermosa. Pauso mi ritmo en tus lunares y vierto mis lágrimas, me pierdo entre tus pestañas y tomo el aire que necesito para seguirte, busco tus espacios para introducir pedacitos de mí. En tus curvas se pierden mis deseos y encuentro mis sentimientos, tu principio marca mi final y tras el tuyo se encuentra mi comienzo. Si no encuentro tu nombre lo deduzco.

  Fue en ti donde descubrí quién había sido, en qué monstruo me convertí y qué quería ser. Me diste motivos para luchar por tener la misma vida y energía que un colibrí en primavera, por ser tan caliente como el Sol del verano, aprender a vivir dejando atrás las hojas que de mí se caigan en otoño y saber amar el frío que me asolará en invierno. No pude sino abandonarme a ti y dejar que tú -inmensa y eterna- fueras la que desenterrase los pilares del niño que, con tanto empeño, quise matar. 

  Escribo esto como tantos otros pudieron escribirte, sin pena ni gloria, como agradecimiento a lo que lograste despertar en el vagabundo sin vida que supiste acoger. Si una promesa he de hacer -y cumplir- es la de no dejarte morir, no abandonarte al olvido y perpetuar tu esencia como parte de mi herencia. 


Gracias Poesía.

13 de febrero de 2013

   El amor reside en las cosas que parecen pequeñas pero que, a la vez, nos hacen sentirnos diminutos. Para mí eres amor; no por las pequeñas perlas que forman tu mágica sonrisa, ni por contar conmigo para las cosas importantes buscando una opinión sincera y libre de tapujos, ni si quiera por las escasas pero magníficas muestras de cariño que me das a veces, eres amor por aquellas cinco pequeñas uñas de tu mano izquierda que vi en el asiento trasero del coche de Papá y Mamá el primer día que te conocí. Esas uñas, que hoy decoras con maestría y tan bien cuidadas luces, fueron entonces una constelación que hizo que me sintiera tan feliz como diminuto.

   Posiblemente sea el recuerdo, no contado por otra persona, más antiguo en mi memoria. A pesar de tener dieciocho años más en mi cerebro tras ese día, recuerdo perfectamente cómo, al abrir la puerta trasera izquierda del coche, vi a Mamá con el bebé más precioso que he visto hasta la fecha. Recuerdo como me acerqué con cuidado y Mamá me dijo “Mira, es tu hermana.”. Recuerdo como agarraste mi dedo con fuerza, como si intentaras decirme “Estoy aquí, me voy a comer el mundo y quiero que estés cerca de mí.”, aquel fue el primer abrazo que me diste.

   Hoy se cumplen dos novenas desde que naciste, dos parejas de nueve años que han calado fuerte en mi vida. Has estado presente en todos los hechos importantes que han acontecido en ella –consciente e inconscientemente- y con tus enfados me has ayudado a superar baches que creía realmente insalvables. Creo que no existe una palabra en el mundo que merezca ser usada para agradecerte tu llegada a mi vida. Y sí, debería agradecértelo a ti porque, a pesar de que Mamá y Papá te concibieron, creo que fuiste tú la que sabías que necesitaba a alguien así en mi vida. Alguien tan opuesto a mí como parecido.


Feliz cumpleaños. 

11 de febrero de 2013

Nacidos de un arco,
redondeado disparo e irregular entrada,
cuales flechas de cupido hieren.

Firmes y rectos avanzan desde abajo,
curvados y calmos desde arriba,
mas pícaros rebeldes en su unión hacia el cielo apuntan.

Forma y sentimiento 
en luz y oscuridad aunados,
por cientos de soldados custodiados.

Solos afrontan el avance a orillas del Eurotas,
Afrodita del rechazo su pena comparada,
Súcubo mostrado en ángel encerrado. 

17 de enero de 2013

Caímos rendidos, apagados
por el calor del fuego que nos vio arder.
Hendidos en miseria, podredumbre
de la madera que nuestro hogar quiso ser.
Despellejados a hueso, doloridos
con el corazón inmerso en la hiel.
Malditos por Dios, cosechados
desde el campo de espigas que cultivé.
Iluminados por la oscuridad, fría
entre los dedos que no supe tener.
Pernoctando en piedra, áspera
como el hedor de los sentimientos de ayer.
Perseguidos por Caín, envidioso
del amor encarnado en Abel.
Cazados por la presa, inerte
en nuestro regazo por lo que no supimos ver.
Finiquitados en vida, muerta
ya no nos podrá joder.

2 de enero de 2013

   Encontré el remedio a nuestra enfermedad, la cura a esta muerte a la que nos aboca el tiempo, la inmortalidad eterna del sentimiento que no nos deja ser.

   Déjame tocarte con mis palabras, deja que estas manos -fútiles por la distancia- recorran tu cuello con cada sílaba y besen tus labios en cada acento, deja que la métrica abrace tus caderas y que el ritmo marque el paso de tus contracciones.

   Abandónate a mi ser, impreso en esos textos, inhibe tu alma a otra que no sea la mía, ama al poeta como amaste a ese amante que nos contagió.

   Sé en mi como yo sigo siendo en ti.