14 de enero de 2014

No pasan los días,
la vejez aprieta 
y los ojos no cierran.

Permanece el dolor
sin existencia de recuerdo
que ayude a moldearlo.

El olvido deja a las hojas
sin su principal función
en un calendario
marcado con fechas no propias
y ojos ajenos.

El cepillo de dientes
quedó divorciado
sin más pareja que su copia
en el espejo. 

La habitación 
no se inunda de babas
o del caer de unas bragas,
es la lluvia del rostro
la que apremia a construir un arca.

Refleja el retrovisor
un recuerdo borroso del pasado
que bien podría ser miopía
de un hombre con vista sana.

Fruta madura 
muerta en su caída,
podrida en el tiempo,
retoma su condición de semilla
para poder crecer como árbol
y ser flor de romance
de un sueño menos amargo.
 

21 de diciembre de 2013

Yo
Soy olvido,
Soy dominio histórico,
El de la sonrisa fácil.

Yo
Soy el que nunca llora,
Soy el poseedor de la fuerza,
El que bebe en los bares.

Yo
Soy el que sustenta la casa,
Soy la impureza bien vista,
Aquel que folla y no pasa nada. 

Yo soy el cabrón al que amas.

Yo
Soy la corbata mal atada,
Soy pantalones y americana,
El que va de luto a su boda.

Yo
Soy tomador de decisiones,
Soy creador de mentiras,
El que sólo se calienta y no ama.

Yo
Soy el que no siente,
Soy el corazón parado,
Aquel que no entiende una mirada

Yo soy el que perdió la costilla para darte la vida. 

3 de diciembre de 2013

-Pero... ¿Quién te crees que eres?

-Tu poeta y tú mi musa.

-Y la musa es la que manda.

-Cierto, pero estamos en mi poema.

Y es mi Pálida mi tesoro,
es mi Sol mi libertad.

Mi única paja, amar.

Tu lengua mis caricias,
mis dedos tu gozar,

Tus dientes desgarran
a jirones la pena,
mis uñas arañando la felicidad,

Tus labios con su abrazo
erizan el miedo,
mis piernas en tensión
veletas de placer,

Tu pelo
hilo rojo de pasiones,
mi barba
desastre de soñar,

Tus pechos
picos de alegría,
el mío
almohada de olvidar. 

4 de noviembre de 2013

La curiosidad mató al gato
y se quedó con seis vidas,
pero gastó otra en ese orgasmo de madrugada,
la tercera se fue en el suspiro de su pecho
y la cuarta echó a volar entre las sonrisas del mañana,
la quinta se quedó agazapada 
esperando a que la sexta la alcanzara 
para morir juntas en un "Sí, quiero"
y la séptima
la séptima se fue a la tumba 
con aquel que fue capaz de despertar la curiosidad del felino.

19 de septiembre de 2013

Altivo, altanero deseo
Pudiente, malhablado anhelo
Versificado, idolatrado cuerpo.

Piedras rotas por su sonrisa,
Acero derretido por su piel,
Diamantes doblados en sus curvas.

Mirada firme, segura y ardiente
Elegante porte y mejor mente
De sexo roto, desvergonzado y sucio
Trajes de saliva, marcas y dientes suyos.

Romper nueces en su culo
Bajar bragas por sus piernas
Infinitar erecciones a su paso.

Bien querido fue su sexo
Mal amado el corazón
Bien mamado su pecho
Destrozarlo
Quiero yo. 

28 de agosto de 2013

La Córdoba nocturna, de Agosto, solitaria y húmeda por el riego de los operarios de limpieza.

La Córdoba de la brisa fresca en las callejuelas de empedrado paseo, 
del calor abrasante cuando el cielo interrumpe su soplido.

La Córdoba de las conversaciones rezagadas de borrachos capaces de salvar al país de la derrota que la consume.

La Córdoba del que trabaja con la masa para pagar el pan de sus hijos, 
del que no duerme por el ronquido de su vecino.

La Córdoba de las parejas escondidas en cada esquina ávidas de orgasmos y embestidas imposibles a la luz del día.

La Córdoba inmóvil al paso de los psicólogos conductores de blancos coches coronados por una luz color esperanza.

La Córdoba del comercio antiguo que resiste al paso de los años y de la arquitectura moderna, 
del olor a judío de sus macetas.

La Córdoba del misterio de la noche corredera, 
del terror del canto de un grillo en las piernas.

La Córdoba de la Victoria pasajera, 
de la aureola del Acisclo patrono, 
de la Luna del Rafael protector.

La Córdoba de las tres culturas reminiscentes, 
de las vidas que su calor ahogó.

La Córdoba donde cualquiera se enamora, 
se destroza 
o se muere.

La Córdoba donde vive un servidor.

11 de agosto de 2013

Los hombres nos maquillamos con barbas
por miedo a que se noten nuestras sonrisas.
Dejamos crecer el pelo en nuestro cuerpo
para que disimule el temblor que causa el miedo.
Se agrava nuestra voz
para que suenen mas solemnes los 'te quiero'.

Pero se nos olvida que,
al envejecer,
la barba se torna blanca 
para hacer más grande la sonrisa,
el temblor se adueña de nuestro cuerpo 
para ser frágiles sin miedo
y la voz se apaga
para hacer eterno ese último 'te quiero'.